Invocar bosque

NOTAS ACERCA DE LA VIDA NO-FASCISTA / ERNESTO HERNÁNDEZ BARRAGÁN

Figuras en un paisaje, Francis Bacon, 1956.

Frente a la coyuntura política de elecciones en el actual territorio ocupado por el estado colombiano, se nos hace preciso recordar las palabras de Ernesto Hernández en diálogo con Foucault, como un llamamiento a vidas que fuguen al aparato de estado y uno de sus rostros: el fascismo.

«Ser libre es huir de la servidumbre de sí mismo»

El cuerpo cósmico, telúrico, animal, social, el cuerpo humano, son producidos en su lugar y en su momento, cada uno con y en su propio dinamismo espacio-temporal, sin embargo esta producción lejos de entrar en una cronología determinista y destinal, más bien encadena azares, religa cada vez el conjunto de las tiradas al azar en un nuevo lanzar que los encadena, azar ligado  que Raymond Ruyer ha calificado como “formaciones abiertas y argots markovianos”, pues, como en el poema de Mallarme, “una jugada de dados nunca abolirá el azar”. Por consiguiente, el cuerpo no pre-existe a las intervenciones que lo producen; ahora bien las intervenciones son algo así como los obstáculos, los problemas, la acción concreta de la fuerza sobre la fuerza, y ese abrazo de las fuerzas convierte a los obstáculos en medios. En este sentido no hay adaptaciones, sino movimientos, giros, torsiones, violentos movimientos de acción y reacción. Estas intervenciones, o “agenciamientos” son de un lado fuerzas que entran en relación: se trata entonces de elementos componentes que se entre-acogen; de otro lado potencias  que afectan al cuerpo: se trata de afectos que se inter-expresan. Desde este punto de vista los elementos materiales, extensos, y los afectos, las intensidades, entran en relaciones  de composición variables que no remiten a una identidad, o a una subjetividad predeterminada. Se trata más bien de individuaciones, composiciones de heterogéneos abiertos y no totalizables: No sólo en la selva –medio predeterminado- se hace al tigre –por adaptación evolutiva-, hay también una «tigredad» propia de la selva, tanto como no sólo en la pradera se hace al hombre, hay también una humanidad propia de la pradera. Lenz en sus caminatas al aire libre, por el bosque, experimenta que tiene un alma para las piedras, un alma para las flores, un alma para la montaña… encuentros y composiciones, individuaciones.

La individuación reúne y capta las fuerzas y los afectos en un bloque espacio temporal indescomponible, y el bloque espacio-temporal es la materia del devenir. La individuación es contingente, azarosa, extrae algo que capta, pero igualmente entra en algo que lo capta y nada de esto sucede sin que cambie la naturaleza del conjunto así compuesto. Lo captado son las fuerzas, fuerzas que se anuncian, fuerzas de la vida, pero igualmente se es captado por fuerzas que se ejercen sobre el cuerpo obligándolo a asumir cierta posición, una gimnasia de las posturas que resisten a las fuerzas que nos captan, que capturan el cuerpo. Entre las fuerzas libres, las fuerzas que capta el cuerpo y las fuerzas que lo captan, el cuerpo huye, huye o perece… tal como en un cuadro de Bacon. 

El cuerpo, considerado en su unidad  subjetiva socio-bío-política es solo una parte, o mejor aún un todo al lado, una dimensión suplementaria del tipo n+1, de tal manera que la multiplicidad individuante real del cuerpo en tanto compuesto de fuerzas-afecto y de afectos-fuerza no se puede reducir a esta dimensión suplementaria.

Socio-bío-políticamente somos, en tanto que cuerpos y mezclas de cuerpos, sujetos, determinados por subjetivaciones pre-definidas, y se nos impone cierta organización en función de una economía de las fuerzas. Una compleja estrategia de fuerzas que de un lado actúan sobre las fuerzas del cuerpo para fijarlo en una forma,  y de otro lado lo afectan disminuyendo su potencia de afectar y de ser afectado: cuerpo formado y formalizado.  Se trata entonces de un molde y de un moldeado, si bien ese molde es corregido, modificado, siempre lo es en función de capturar las fuerzas y asignarles finalidades consecuentes con una economía de la usura de las fuerzas y la domesticación de las potencias. Esa plusvalía de las fuerzas y la doma de las potencias no es pura y simplemente negativa, el complejo estratégico que capta las fuerzas libres, igualmente las promueve, asignándoles finalidades que cada vez más son positividades, por ejemplo la digitalización totalizante del mundo libera una carga extraordinaria de inteligencia humana y maquínica, el Star-system promueve una muy ambigua estetización y erotización generalizada, la economía de los placeres ligada de manera casi exclusiva al sexo y las drogas, libera el “desarrollo de la personalidad” de los condicionamientos del deber y la tradición de las costumbres. Esas fuerzas y potencias así liberadas son captadas en estrategias cada vez más sutiles, minuciosas y eficaces que las abaten sobre territorialidades artificiales infantilizantes, del tipo MTV o Facebook y en sistemas de opinión pueriles y trivializantes, del tipo Twitter, o los noticieros  24/7.

Un habito intelectual arraigado insiste en hacernos concebir la sociedad desde el punto de vista de las contradicciones, pero las contradicciones apenas si explican los grandes conjuntos, en cuanto se los fija y determina, sin embargo, las sociedades, por una parte son tan perfectas como pueden serlo, de tal manera que podemos decir que nos merecemos la sociedad que tenemos tanto como ella nos merece, y por otra parte no cesan de huir, y la cuantificación de su perfección en cada caso depende de las fugas que la recorren, pues una fuga establece un índice de fuerza y de potencia al superar un umbral. Las sociedades siempre están en el límite tanto en el sentido del umbral hacia el que tienden como en el sentido de la superación, del ir más allá. Son las fugas las que liberan las cargas explosivas, tal como la hierba que termina por hacer estallar el pavimento, e igualmente las fugas al desubjetivar a las comunidades las aboca a la experimentación creadora en la que la vida  individual y social, como también la vida de la tierra y la del cosmos, se abren a una zona de indeterminación real, una zona en la que captan nuevas fuerzas inéditas, nuevas formas de solidaridad, de comunismo, un nuevo sentido de comunidad, formas nuevas de resistir, de huir, de hacer el mapa de las fuerzas y los afectos. La fuga es resistencia al moldeado, al cual, como lo ha mostrado Simondon, le opone la modulación permanente, continua.

Los Estados, los gobiernos y los gobernantes no le temen a las oposiciones, a las contradicciones que siempre pueden ser reducidas o animadas al tenor de la necesidad del momento. El temor que recorre los procesos de estatización y las gobernabilidades, es el de las fugas, los flujos y las multiplicidades. Hoy en día y en adelante los viejos fascismos, las antiguas dictaduras ya no tendrán lugar, serán, a pesar de su violencia, una mascarada o un arcaísmo, que eventualmente puede adquirir cierta función actual, transitoria y desueta; hoy en día y en adelante veremos –pues aun no hemos visto nada de lo que esta pasando y va a pasar- , veremos proliferar pequeños fascismos, de ciudad, de barrio, de individuo, una gestión continúa de los odios, las fobias –por ejemplo todos los pequeños efectos autoritarios y microfascistas que ha desencadenado la nicotino-fobia-, y esta gestión se hace a nombre de abstracciones tales como la tasa de desempleo, los indicadores de salubridad, los índices de la banca, o la tolerancia –noción de la que hay que decir, con Isabel Stengers, que reviste peligros infinitamente más graves y profundos que los que pretendidamente denuncia- y etc. 

Pero las fugas, por su parte, enfrentan grandes peligros, por ejemplo deshacer violentamente las formas hundiéndose en una línea mortífera, suicida, o fijándose en el artificio destructivo del cuerpo drogado, o del paranoico solitario como el unabomber Kaczynski, como también el peligro de recaer en formas aún más endurecidas, acogiendo o suscitando tanto en sí mismo como en los otros, subjetivaciones de corte fascista, como ciertas facciones del Islam o de los “socialismos reales” sean del Siglo XXI o de otros siglos pasados o por venir, como también en los liberalismos sean neos o ilustrados. Necesidad pues, como lo recuerdan permanentemente Deleuze y Guattari, de que el huir, al trazar la línea de fuga, la resistencia como experimentación y devenir, se acompañe siempre de dosis de prudencia.

Desde el punto de vista de la individuación, entre el vértigo de la velocidad y la potencia del afecto, de un lado todo acontece en una vida que persigue y prosigue las líneas flotantes, una vida que en su zona de indeterminación real capta y es captada, se llena de intensidades puras; pero en la que, por otra parte, las cosas se fijan, la forma se desarrolla y se determina el sujeto. Y, evidentemente, nunca hay correspondencia entre una vida y el sujeto que la soporta[1].

Sea este el momento, de recordar y parafrasear algunos de los que, quizá no se nos admita calificar de “preceptos” –preceptos en el sentido en que Foucault invoca como su guía el texto “introducción a la vida devota” de San Francisco de Sales- que a modo de inyecciones de prudencia y estrategias de resistencia, enumera en el texto que escribió como introducción a la edición norteamericana de “El antiedipo” de Gilles Deleuze y Félix Guattari:

– Liberemos la acción política de toda forma de paranoia unitaria y totalizadora.

– Incrementemos  la acción, el pensamiento y los deseos mediante  proliferación, yuxtaposición y disyunción, antes que  por subdivisión y jerarquización piramidal.

– Liberemonos de las viejas categorías  de lo Negativo  (la ley, el límite, la castración, la carencia) que han sido sacralizadas durante  tanto tiempo  como forma de   poder y modo de acceso a la realidad. Preferid aquello  que es positivo y múltiple, la diferencia a la uniformidad, los flujos a las unidades, Ias disposiciones móviles a los sistemas. Considerad que lo que es  productivo no es sedentario sino móvil. 

– Dejemos de sentir que sea necesario ser  triste para ser militante, incluso si lo que  se combate es abominable. Es el vínculo del deseo a la realidad (y no su fuga en las formas de la representación)  el que posee una fuerza revolucionaria.

-No utilicemos el pensamiento para dar   a una práctica política el valor de Verdad; ni la acción política para desacreditar un pensamiento, como si no fuera más que pura  especulación. Utilicemos la práctica política como un intensificador del pensamiento, y el análisis como un multiplicador de las formas y de los dominios de intervención de la acción política.

– No exijamos a la política que restablezca los «derechos» del sujeto tal  cual han sido definidos por el   filosofo. El sujeto es el producto del poder. Lo que hay que hacer es «des-subjetivar» por  la multiplicación y el desplazamiento,  por la suma  de combinaciones diferentes. El grupo no debe ser el vínculo orgánico que une a  individuos jerarquizados, sino un  constante generador  de «des-subjetivación».

– No nos enamoremos del poder.

– Que siempre en nuestra escritura y nuestra acción se trate de neutralizar los efectos del poder vinculados a toda escritura y a toda acción. Pues no se trata   de seducir a nadie sin que sea consciente de la manipulación, para ganarlo, para sumarlo a la causa del autor, o del actor.  Se trata, más bien de la diferencia, de la afirmación en la diferencia, del constante acoso de todas las formas del fascismo, desde aquellas, colosales, que nos rodean y nos aplastan, hasta las  formas más pequeñas que instauran la amarga tiranía de nuestras vidas cotidianas… pues como dice Deleuze, aún no hemos visto nada de lo que va a pasar, y Alliez insiste -quizá pensando en mayo del 68- en que, ante la desesperanza política por haber dejado pasar la ocasión, es necesario recomenzar.

Me gustaría que esto que digo aquí, si en la incertidumbre de la escucha, ha llegado a inquietarlos, provoque en ustedes un gusto renovado por las ficciones, por leerlas y por escribirlas, pues como dice Foucault “existe la posibilidad de hacer funcionar la ficción en la verdad, inducir efectos de verdad con un discurso de ficción y hacer de tal suerte que el discurso de verdad suscite, produzca, algo que no existe todavía, es decir ficcione. Se ficciona historia a partir de una realidad política que la hace verdadera, se ficciona una política que aún no existe, a partir de una realidad histórica”. 

… ser libre es huir de la servidumbre de sí mismo…

Estudio del cuerpo humano, Francis Bacon, 1949

[1] DG, Mil mesetas, Recuerdos de una hecceidad, p. 264-268.