
Nuestra crisis actual más que económica es una crisis de lo sensible, para que en el mí haya lugar a formas de opresión, es porque se le ha hecho espacio, llenando y obturando sus vías de escape. La acumulación de polución en nuestro olfato, escucha, mirada, tacto y sabor, han sido alimento para que la tiranía de nuestras vidas cotidianas halle su vía de expresión: deseos de exterminio y obediencia sin más, impidiendo así, un movimiento más acorde con la resonancia del mundo: el vacío.
Es por ello, que hoy evocamos a Chantal Maillard para aguzar la escucha e intuir ese viaje por las venas del dragón que nos insta a emprender y recordar que en su movimiento emergen tres sendas —antiquísimas— confucionismo, taoísmo y budismo. Habitadas por la plenitud del vacío que concibe una estética como sabiduría, indispensable para hacer-ser-otra-sensibilidad que conjure y —espontáneamente— emerja ese mundo nuevo que llevamos en nuestros corazones, que yace bajo el mí tiránico que lo acalla.
Es por ello que cantamos:
Des-obturar-se para dejar brotar las venas del dragón, donde la montaña, el mar y aquellx que dice yo, no se diferencian.
Des-obturar-se para que la piedra yazca en eso que dice Ser y que ha construido nuestra sensibilidad e intelecto.
Des-obturar-se para seguir la inclinación del chusque que atiende a su nutrición y que nos insta a virar a nuestro centro, para así, cuidar nuestra energía vital.
Des-obturar-se para mirar a los ojos al puma, sosteniendo así, la eterna comunión que nos precede y nos sucede.
Des-obturar-se para dejarse-en-causar por aquel único trazo del pincel donde está contenido el pálpito que engendra y destruye.
Des-obturar-se para ser y dejar ser un bosque, para invocarlo pues.
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